El año pasado

A estas alturas, el año pasado pesaba unos 50kg y me sentía más sexy que nunca. Había descubierto que puedo comprarme ropa barata en Vinted y empecé a experimentar con mi estilo. Llevaba el pelo corto, platino y, aunque los 40 amenazaban en el horizonte, me la sudaba bastante. El año estaba lleno de viajes,…

A estas alturas, el año pasado pesaba unos 50kg y me sentía más sexy que nunca. Había descubierto que puedo comprarme ropa barata en Vinted y empecé a experimentar con mi estilo. Llevaba el pelo corto, platino y, aunque los 40 amenazaban en el horizonte, me la sudaba bastante.

El año estaba lleno de viajes, resfriados y obligaciones de todo tipo. Sentía que no paraba, me iba de un lado para otro tanto por trabajo como por placer. En Febrero me fui a Filipinas, luego a Polonia, luego a Nueva Orleans y Nueva York.

En verano fuimos a Granada donde me hice un tatuaje muy grande. Tardé dos días en acabar y me cagaba en todo cuando la aguja atravesaba mi cadera una y ora vez para hacer todas las flores y frutas y el pelo de una ardilla hiperrealista. Hay que ser tonta, sabiendo lo que duele, decidirse en uno así.

En fin, que después de esto, encima, hicimos un viaje en coche por Portugal hasta llegar a Galicia y de ahí a Madrid, para dos eventos de trabajo. Acabé reventada. No quería ni saber más de viajes, solo quería estar en casita con mis gatos y no tener que hablar con nadie. Y eso que íbamos a ir a Asturias, pero decidimos posponerlo.

Para aprovechar el tiempo (porque desaprovecharlo es malo, ¿no?), concerté todas las citas médicas que tenía pendientes, incluida la del ginecólogo. Me hice las analíticas que postergaba desde hace años, entre ellas el nivel de la hormona antimülleriana para ver mi reserva ovárica, que estaba casi inexistente.

La doctora lamentó lo ocurrido, porque según ella era muy joven aún, y me mandó receta para la terapia hormonal de sustitución. Pero a la vez, haciendome la eco, comentó que justo tenía ahí un óvulo precioso y que si queríamos hacer el último intento en ser padres, el momento era ahora. Me reí. Me seguí ríendo al salir y al preguntarle a mi marido si quería jugar a la ruleta rusa. Estuve de buen humor.

Luego en casa, lloré de frustración porque empecé a leer sobre la medicación que me mandarón y descubrí que no tenía ni puta idea en lo que me metía pero como siempre, no me explicaron bien. Decidí informarme mejor y me compré un ebook sobre la perimenopausia. Aprendí un huevo y por fin empecé a sentir que tenía todo bajo control otra vez. Ya te imaginas que viene a continuación, ¿no? 😉

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