Creo que el año pasado no pensaba que llegaría hasta aquí. El primer trimestre fue horrible, aunque ahora ya está todo bastante borroso. No quiero recordarlo. Aunque escribiré sobre ello en un post aparte.
De todas formas, no me imaginaba que mi vida sería como es ahora: con la barriga gigante y andando como un pato mareado.
Ayer el bebé se colocó de tal forma que apenas podía andar. El dolor en toda la zona pélvica, e incluso en las lumbares, era tremendo. No era insoportable —siento que, al final, podemos soportarlo todo—, pero sí lo suficientemente molesto como para acabar llorando de frustración y miedo.
Miedo porque, en el embarazo, una y otra vez experimentas cosas que no has experimentado nunca, y no tienes ni idea de si es normal o si tu vida está en peligro. Ayer tampoco lo sabía. Sospechaba que no pasaba nada, pero una parte de mí tenía miedo de que sí estuviera pasando algo malo y de que debería estar en urgencias.
Al final no pasó nada. El bebé acabó recolocándose y pude andar otra vez.
Eso sí: por la noche me desperté CADA puta hora meándome.

Leave a comment