El paritorio

Ayer visitamos el paritorio. No sé qué esperaba ver, pero cuando nos abrieron dos gigantescas puertas deslizantes, me asusté un poco. El paritorio está en el sótano, así que no había ninguna ventana. Muy simbólico: de ahí no hay huida. En el centro había una cama. De esas modernas que se pueden poner en mil…

Ayer visitamos el paritorio. No sé qué esperaba ver, pero cuando nos abrieron dos gigantescas puertas deslizantes, me asusté un poco.

El paritorio está en el sótano, así que no había ninguna ventana. Muy simbólico: de ahí no hay huida.

En el centro había una cama. De esas modernas que se pueden poner en mil posturas, pero al final sigue siendo una cama cubierta con papel para que todo parezca más higiénico. No pude dejar de mirarla, sintiendo miedo de lo que inevitablemente está por venir.

También había una ducha grande, todo tipo de pelotas, un rebozo, una sillita de esas ridículas para parir sentada…

Y una bañera, para pasar dentro el tiempo de dilatación. Pregunté si sería posible parir ahí también, pero resultó ser innecesariamente complicado: para eso necesitan dos matronas, así que hay que solicitarlo con antelación. Algo un tanto extraño cuando una no tiene ni idea de cuándo se va a poner de parto.

Tal vez, si supiera cuándo, estaría más tranquila.

Pero eso no lo sabe nadie. Por lo menos, el día que nuestro hijo decida nacer, ya sabré exactamente a dónde dirigirnos y qué esperar.

Leave a comment

Is this your new site? Log in to activate admin features and dismiss this message
Log In